Cerrar el año dando gracias, empezar el nuevo confiando

Gracias de indulgencia plenaria en el final y comienzo de año.

12/29/20252 min read

Cuando el año llega a su fin, muchos hacemos balance: lo vivido, lo aprendido, lo que dolió y lo que nos llenó de alegría. La Iglesia, con su sabiduría de siglos, nos propone una forma muy concreta y hermosa de vivir este momento: terminar el año dando gracias a Dios y comenzar el nuevo poniéndolo en sus manos.

Dar gracias al final del año: el Te Deum

El 31 de diciembre, la tradición cristiana invita a rezar el Te Deum, un antiguo himno de acción de gracias. No es un gesto rutinario ni sentimental: es un acto profundamente espiritual. Reconocemos que todo lo bueno viene de Dios, incluso aquello que no entendimos del todo en su momento.

La Iglesia une a esta oración una gracia especial de indulgencia plenaria, como signo de que la gratitud abre el corazón a la misericordia y nos libera del peso que a veces arrastramos del pasado. Dar gracias no borra las dificultades, pero las coloca en su lugar: bajo la mirada fiel de Dios.

Te Deum (castellano)

A ti, oh Dios, te alabamos;
a ti, Señor, te reconocemos.

A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades,
los querubines y serafines te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de la majestad de tu gloria.

A ti te alaba el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el ejército blanco de los mártires.

A ti la Iglesia santa, extendida por toda la tierra,
te confiesa:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo eterno del Padre.

A ti, Señor, no te olvides de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.

Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad.
Sé su pastor y ensálzalo eternamente.

En ti, Señor, confié: no quede defraudado para siempre.

Empezar el año confiando: el Veni Sancte Spiritus

El primer día del nuevo año, la Iglesia nos propone otro gesto sencillo y lleno de fe: consagrar el tiempo que comienza al Espíritu Santo, reconociendo que no lo controlamos todo y que necesitamos su luz, su fuerza y su consuelo.

Rezar el Veni Sancte Spiritus es un acto de abandono confiado: “Señor, no sé lo que vendrá, pero confío en que Tú estarás”.

Veni Sancte Spiritus (castellano)

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo.

Brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas,

Infunde calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia,

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

Terminar el año agradeciendo y comenzar el nuevo confiando no cambia mágicamente las circunstancias, pero sí cambia el corazón. Y cuando el corazón se coloca en Dios, todo empieza a ordenarse desde dentro. Que este paso de año sea, para todos, una oportunidad de gracia.